Cine y literatura
Escribí guiones basados en novelas o cuentos míos: El gran arte, El caso Morel —que infelizmente no fue terminado—, Bufo & Spallanzani, Relatório de un homem casado, y acabo de poner punto final al guión del Diario de un libertino. Escribí guiones originales (Stelinha, A extorsão) y, finalmente, escribí guiones basados en novelas de otros: O homem do ano, basado en el libro O matador, de Patricia Melo y dirigido por José Henrique Fonseca.
¿Qué fue más difícil?
Lo más difícil es hacer un guión basado en una obra literaria ya publicada, como sucede en O homem do ano. Hasta en los casos en que yo mismo había escrito la obra, como Bufo & Spallanzani, el guión resultó más difícil. Si ustedes le preguntaran a Jean-Claude Carrièrre, que ha escrito docenas de guiones, qué fue más trabajoso y difícil de hacer: el guión de La insoportable levedad del ser, basado en el libro de Kundera, o el guión original de El discreto encanto de la burguesía, responderá que el guión basado en la novela de Kundera.
Un guión se escribe varias veces. Eso, por cierto, es común en la hechura de textos literarios en general, principalmente en la poesía (“Un poema nunca se termina, sólo se abandona”, como dice Valéry, lo que también vale para los textos literarios). Consta que Platón escribió la primera frase de La república cincuenta veces. Flaubert estuvo treinta años escribiendo La tentación de san Antonio. Podría citar docenas de ejemplos de esa furia revisora en los distintos géneros literarios, pero toda citación excesiva de nombres, incluso en textos académicos, es una estupidez.
Con los guiones cinematográficos ocurre lo mismo, con la diferencia de que, además del autor del guión, otras personas participan en esa revisión, casi siempre el director de la película, lo cual es muy notorio aquí en nuestro país, y el productor. Eso me pasó cuando trabajé, entre otros, con los Tambellini (padre e hijo, en épocas diferentes), con Suzana Amaral, Walter Salles, Miguel Faria y, más recientemente, con José Henrique Fonseca.
¿Qué queremos todos los involucrados en este proceso? Los más pretenciosos (y todo aquel que quiera crear alguna cosa debe ser “pretencioso”, buscar su nivel de excelencia) quieren realizar una obra de arte. Cuando Wagner compuso sus obras anhelaba alcanzar lo que él denominaba Gesamtkunstwerk, la obra de arte total, que engloba música, poesía y drama, pintura, arquitectura, danza. Estábamos en el siglo XIX y si algún arte podía megalómanamente decir eso era la ópera.
Ya existía una cosa llamada “linterna mágica”, que había surgido en el siglo XVII, un foco de luz que iluminaba placas de vidrio pintadas a mano. Esas imágenes eran proyectadas sobre una pared blanca y los temas representados estaban ligados con la religión. Llamaba la atención tanto de adultos como de niños. Ciertamente no era laGesamtkunstwerk pregonada por Wagner.
Demoró un tiempo hasta que los hermanos Lumière —August y Louis—, en el puro final del siglo XIX, en 1895, crearon el cinematógrafo, una especie de ancestro de la filmadora, que se accionaba mediante manivela y utilizaba negativos perforados para registrar el movimiento. El cinematógrafo hizo posible la proyección de imágenes para el público. Eran imágenes en movimiento, no aquella cosa estática de la linterna mágica.
Hace más de cien años, el 28 de diciembre de 1895, tuvo lugar la primera exhibición pública de las obras de los Lumière en el Grand Café de París: Salida de los empleados de la fábrica Lumière, Llegada del tren a la estación de la Ciotat, La comida del bebé y El mar fueron algunas de las películas presentadas, que dejaron atónitos a los espectadores. Las producciones eran rudimentarias y, como se ve por los títulos, documentales breves sobre la vida cotidiana, de dos minutos de proyección. La presentación pública del cinematógrafo marcó oficialmente el inicio de la historia del cine. Sin embargo, faltaba una cosa muy importante, el sonido, que solamente apareció tres décadas después, al final de los años veinte.
El invento de los Lumière se perfeccionó. Los cineastas, después de los documentalistas, se embarcaron en la ficción. Surgieron Max Linder y otros comediantes en varios países. El norteamericano Edwin S. Porter estrena en 1903 un trabajo pionero, Life of an American Fireman, y con El gran robo del tren inaugura el western.
Despuntan entonces dos grandes nombres de los comienzos del cine: George Méliès y David Griffith. Méliès nació en Francia en 1861 y murió en 1938. Tuvo antes que nadie la idea de usar figurines, actores, escenarios y maquillaje, oponiéndose al estilo documental. Realizó los primeros filmes de ficción, Viaje a la Luna y La conquista del Polo, en1902. El otro precursor fue David Griffith, nacido en Estados Unidos en 1875, donde murió en 1948. En el cine fue el primero en bajar la cámara del trípode y en usar el montaje de una manera dinámica y creativa. Con El nacimiento de una nación, de 1915, abrió el camino para la creación de la industria cinematográfica americana. (Dicen que Griffith concibió la totalidad de la película en su mente y no escribió un guión ni hizo anotaciones, pero yo no me lo creo. Esa frase de “una idea en la cabeza y una cámara en la mano” es responsable de muchísima porquería.) Con Intolerancia, de 1916, Griffith fortaleció el impulso dado con El nacimiento...
Comenzaron a decirle al cine el “séptimo arte”. ¿Había sido encontrada la anhelada Gesamtkunstwerk de Wagner? ¿Sí? ¿No?
No. El cine era mudo, no tenía la poesía de los textos hablados ni música, esas formas de arte con mayor importancia. ¿Cómo podía arrogarse el derecho a la Gesamtkunstwerk? Era un exceso de (bienvenida) pretensión.
Las primeras experiencias de sonorización, hechas por Thomas Edison en 1889, fueron seguidas por Auguste Baron en 1896 y por Henry Joly en 1900, pero sus sistemas todavía tenían serías fallas de sincronización imagen-sonido. El invento del norteamericano Lee de Forest, la grabación magnética en la película (1907), que permitía la reproducción simultánea de imágenes y sonidos, fue adquirido en 1926por la Warner Brothers. La compañía produjo la primera película con música y efectos sonoros sincronizados, Don Juan, de Alan Crosland, y la primera con pasajes hablados y cantados, The Jazz Singer (1927), también de Crosland, con Al Jonson, un gran nombre de Broadway. Y también produjo la primera película enteramente hablada, Luces de Nueva York, de Brian Foy, en 1928. Al año siguiente el cine hablado ya representaba el 51% de la producción norteamericana. Otros centros, notablemente Francia, Alemania, Suecia e Inglaterra, comenzaron a explorar el sonido. A partir de 1930, Rusia, Japón, India y los países de América Latina investigaron el nuevo invento. La adhesión de casi todas las productoras al nuevo sistema sacudió convicciones y causó el distanciamiento de actores y directores. El lenguaje cinematográfico tuvo que ser reformulado. Directores importantes, como Charles Chaplin y René Clair, entre otros, se resistieron, alegando que el cine no necesitaba la voz de los artistas. Pero los dos acabaron claudicando, como sabemos, no obstante que el cine hablado de Chaplin sea muy inferior al que hacía antes. Algunas de sus películas, como La condesa de Hong Kong de 1967 y Un rey en Nueva York de 1957, son extremadamente decepcionantes.
Durante la Primera Guerra Mundial, la producción de películas se concentró en Hollywood, California, donde surgieron los primeros grandes estudios. Desde los años treinta hasta hoy la mayor parte de la producción mundial converge allí, pero muchos centros desperdigados por todos los continentes producen obras que merecen destacarse.
A fin de cuentas, ¿qué es el cine hoy en día? Lo llaman el séptimo arte, lo cual es correcto. Pero todavía no podemos calificar al cine deGesamtkunstwerk, la obra de arte total. El cine es, en esencia, un arte híbrido. Y el principal problema es que después de un tiempo toda película queda “fechada”, pues una buena película antigua no se disfruta con el mismo placer la segunda o tercera vez, como sí ocurre con las otras buenas obras de arte. Se puede oír a Mozart, o releer elQuijote, o contemplar la Capilla Sixtina con el mismo entusiasmo de la primera vez. En el cine, una película vieja, con algunas raras excepciones, apenas puede ser vista como una curiosidad histórica. (Existe el caso de sofisticados cinéfilos a los que les gustan y revisan películas antiguas, descubriendo novedades en ellas.) Esta datación que el cine sufre me parece la causa de que el séptimo arte, o “the industry”, como la definen los americanos, sea un objeto de consumo en permanente renovación. Piensen en eso, mis lectores del Portal Literario.
Para finalizar este artículo que ya se ha extendido demasiado, quiero abordar la adaptación cinematográfica de las obras literarias.
Antes que nada quiero decir que escribir para el cine es diferente de cualquier otra forma de expresión escrita. Los elementos visuales son tan importantes como las descripciones y los diálogos. Ya que la inversión es tan cuantiosa, el guión tiene que gustarle al productor. Y, como dije antes, el director también interviene y el guión pasa de ese modo por diferentes tratamientos, que tienen en cuenta una cantidad de aspectos —uno de ellos, tal vez el más importante, la aprobación del público—. El escritor de ficción no se tiene que molestar con eso. Con todo, sin la imaginación de los guionistas las buenas historias nunca serían llevadas al cine. El cineasta y teórico ruso Lev Vladimorov Kulechov, que introdujo el arte del montaje, afirma en su libro El arte del cine que el cine es básicamente argumento y montaje, es decir, las dos figuras más importantes del filme son el guionista y el editor. Estoy de acuerdo con él en la importancia del guionista, pero creo que la figura del director es todavía más importante. Reconozco que el cine es, como dice la propaganda, “la mayor diversión”, que el cine es el séptimo arte. También, que no es una obra de arte total y que usa a las otras artes como soportes, de la mejor manera posible.
Pero, apenas para provocar, hago la siguiente pregunta: ¿qué es más importante como arte: la palabra escrita —poesía, ficción, teatro— o el cine? ¿Cuál de los dos puede alcanzar un nivel de excelencia más elevado?
¿Qué tal si, como ejercicio, comparamos las ventajas de la literatura y el cine? Examinemos brevemente el punto.
Ventajas de la literatura:
1. Polisemia y participación creativa. Cuando David Neves resolvió filmar mi cuento “Lucía McCartney” me dijo que tenía la Lucía “perfecta, exactamente como tú la describes en el libro”, e hizo una cita para que la conociera. Lucía, “exactamente como yo la describía en el libro” según David, era Adriana Prieto, una joven de cabellos rubios, ojos azules, labios finos, un rostro bonito que recordaba a las actrices europeas nórdicas. “¿No es igualita?”, preguntó David. Evité responder. En verdad yo no describo a Lucía en mi cuento, ella podría ser blanca, mulata, negra, flaca o gorda. Porque ésa es la gran riqueza de la literatura, la participación del lector, que rellena las lagunas dejadas por el autor, del lector que usa su imaginación recreando la historia que leyó, reinventando a los personajes. El cine no lo permite. Lucía era, axiomáticamente, una linda y elegante rubia de ojos azules. El espectador no necesitaba (ni podía) usar su imaginación. El lector participa del libro no sólo estética y emocionalmente; también tiene una participación creativa. Siempre, a su manera, “reescribe” el libro.
2. Permanencia. Vean qué tipo de reacción despiertan los filmes clásicos, Griffith y compañía. Están “fechados”.
3. El filme necesita de la palabra escrita, hasta el cine mudo la necesitaba. ¿Se acuerdan de Kulechov, argumento y montaje?
4. La literatura es tan importante que los directores del mainstream, como Scorsese, Spielberg y otros, aconsejan a los directores que lean, pues consideran que la lectura es importante para el trabajo que realizan. Ningún escritor les aconseja a otros escritores ir al cine porque sea importante para el trabajo que hacen. Existe una frase interesante de Gore Vidal que, además de novelista famoso, escribió varios guiones. Vidal afirma: “El guión es fundamental para el filme. Así como en el cuerpo humano una buena y simétrica estructura ósea le permite al cuerpo ser bonito y atractivo, en el cine pasa lo mismo con el guión”. El cine es argumento y montaje, repitiendo una vez más a Kulechov. Chaplin usaba menos del diez por ciento de lo que filmaba, y el resto era cortado en la sala de montaje.
Ventajas del cine:
Tiene que haber una razón para la popularidad del cine.
Con excepción de algunos pocos ensayistas franceses malgeniados, no recuerdo ningún escritor, músico, pintor al que no le guste el cine —a todo el mundo le gusta el cine—. Tal vez porque, a despecho de que no haya podido volverse una Gesamtkunstwerk wagneriana, es el arte que más se aproxima a ese ideal y acaso un día deje de ser el híbrido que es para volverse un arte completo.
Termino, ahora de verdad, haciendo una relación breve —y arbitraria, evidentemente— de filmes mejores y peores que la obra literaria.
Algunas películas mejores que el libro:
Lo que el viento se llevó. El filme dirigido por Victor Fleming es mejor que la novela de Margaret Mitchell.
El padrino. La película de Francis Ford Coppola es mejor que el libro del mismo nombre de Mario Puzo.
Blade Runner. El filme de Ridley Scott es mejor que el libro del imaginativo Philiph K. Dick, Do Androids Dream of
Electric Sheep?, en el cual se basa. (No usaron el nombre del libro porque, para los productores, no debía resultar muy comercial.)
Películas peores que el libro:
Son tantas, las películas peores que el libro, que sería agotador enumerarlas aquí. Todas las películas basadas en Homero, Proust, Kafka, Joyce (con una excepción), Tolstoi, Chéjov, Remarque, Victor Hugo, Poe, Thomas Mann, Hemingway, Fitzgerald, no importa la categoría literaria, pueden hasta ser novelas policiacas como las de Wilkie Collins, Raymond Chandler o Dashiell Hammett, son inferiores al original literario.
Como siempre, existen excepciones, películas que mantienen el mismo nivel del original literario, como Berlín Alexanderplatz (Alfred Döblin/Fassbinder), The Dead (Joyce/Houston, la salvedad que hice arriba), entre otros.
Estas listas de películas ocuparían un montón de páginas. Que mis lectores hagan las suyas.
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