6. Interpretación y
análisis de textos literarios, informativos y argumentativos.
INDICADORES DE DESEMPEÑO
1. Interviene
oralmente, empleando aspectos no verbales de la comunicación como la
impostación, el volumen y el tono de voz.
2. Evalúa el
uso adecuado de elementos gramaticales, ortográficos y sintácticos en los
textos que produce.
PLAN LECTOR
Para el segundo periodo, se leerá el libro el psicoanalista, del autor: John Katzenbach. El libro se hará llegar por el grupo del whatsapp, para ser descargado.
Recuerda realizar el separador del segundo periodo, antes de escribir las temáticas y los indicadores de desempeño.
1. Producir e
interpretar textos crítico – argumentativos, verbales y no verbales,
valiéndose del conocimiento lingüístico, pragmático, sociolingüístico,
semiótico y literario que le permite asumir una posición crítica y ética
frente a los diferentes discursos y situaciones comunicativas que involucran
una visión intercultural.
---
Competencias:
1.Interpretar
2.Argumentar
3.Proponer
---
Indicadores de desempeño:
1. Asume una postura frente a la vigencia de las obras literarias
clásicas.
2. Da cuenta de la organización y de los componentes del texto.
PLAN
LECTOR
DAN BROWN
Dan Brown nació el 22 de junio de 1964, tiene 52 años, es un reconocido
escritor de thrillers, principalmente debido al fenómeno mundial que generó su
libro "El código Da Vinci".
Mucho se ha discutido sobre la calidad literaria de este autor, pero lo
cierto es que sus libros son realmente adictivos y muy entretenidos. Con ellos
te puedes pasar una buena tarde resolviendo sus misterios y códigos secretos,
que tratan a la vez sobre diversos temas como ciencia, religión, arte,
arquitectura y conspiraciones. Dan Brown tiene la capacidad de poner a sus
protagonistas bajo una presión constante, en donde es primordial ir resolviendo
problemas para poder salvar el día; y en ocasiones el mundo.
El siguiente texto es una entrevista realizada por la revista magazine
al autor, léela atentamente y luego, realiza la actividad.
Dan Brown "Mis
primeros libros no importaron"
Texto
de Antonio
Lozano 04/11/2018
Sus thrillers en torno a la
simbología y la criptología, aderezados con elementos artísticos y científicos,
lo han convertido en uno de los novelistas más vendidos en las últimas décadas,
pero también en un blanco fácil para quienes lo ven como un producto de consumo
rápido. Ángel y demonio, Dan Brown aspira a mucho más que entretener.
El autor de El código Da
Vinci –novela que ha vendido ocho millones de ejemplares en el
ámbito hispánico entre los más de 200 millones a escala global de toda su obra–
ha regresado a Bilbao y Barcelona medio año después del lanzamiento mundial en
la capital catalana de Origen (Planeta/Columna), ambientada en diversas
ciudades de España. Este es el destino que más veces ha repetido Dan Brown
(Exeter, EE.UU., 1964) desde que a los 16 años salió por primera vez de su país
con destino a Asturias.
Procedente
de Praga, cuya orquesta sinfónica ha grabado una pieza sacra compuesta por él,
y de camino a Los Ángeles para cerrar la adaptación televisiva de las
peripecias de su personaje Robert Langdon, hizo escala para enseñar a su padre
algunos de sus edificios favoritos: el museo Guggenheim, la Pedrera… todos
presentes en Origen. El libro ha servido para promocionar aún más Barcelona
entre sus compatriotas; muchos ya visitaron París, Roma y Florencia impelidos
por la curiosidad despertada por sus anteriores libros.
Sin
las limitaciones previas que a veces imponen las superestrellas y de humor
risueño, en sintonía con la profesionalidad y amabilidad que de él destaca su
equipo editorial, Brown atendió a Magazine en una sala del recinto modernista
de Sant Pau.
Su
madre era especialista en música sacra, y su padre, profesor de matemáticas.
¿En su hogar ya se fomentaba el debate entre ciencia y religión que mucho más
tarde trasladaría a sus libros?
Mis padres estimulaban en sus hijos la búsqueda de respuestas. Puede que suene
ingenuo, pero cuando publiqué El código Da Vinci no tenía idea de que causaría
controversia, porque crecí en un hogar y en un sistema académico que alentaban
la formulación de preguntas.
¿Sus libros tienen algo de llamada al diálogo entre bandos
enfrentados? Es curioso, porque cuanto más he avanzado en
conocimiento científico, sobre todo a base de leer mucho sobre física y
matemáticas, más intenso ha sido el efecto rebote que me ha llevado a descubrir
que las cuestiones fundamentales de la ciencia eran de carácter espiritual: ¿de
dónde venimos?, ¿qué hacemos aquí?, ¿qué nos aguarda al morir?… La razón que me
impelió a escribir fue intentar construir un puente entre estos lenguajes tan
diferentes, uno que se basa en respuestas claras (la ciencia) y otro en
preguntas que nos trascienden (la religión).
¿Que su carrera como compositor y cantante no despegara
supuso una gran decepción? Crecí con dos grandes amores, la música y los
libros. Desde joven escribí poesía y relatos, me gradué en escritura creativa
pero cursé un posgrado de música y me pasaba el día en la sala de conciertos.
Opté por intentar labrarme una carrera musical porque pensé que sería más
divertido. Me mudé a Los Ángeles y grabé un disco a contracorriente –entonces
triunfaba el rap y aposté fatídicamente por concederle el protagonismo al
piano, a lo Billy Joel o Elton John–. Me gustaba componer e ir al estudio, pero
no tocar ante el público, porque era muy tímido. Entonces tuve una idea para
escribir Fortaleza digital, que se convertiría en mi ópera prima. Me encantó y
escribí otras dos novelas, todos unos fracasos. La gente adora u odia mi estilo
de escritura, no hay término medio, soy muy consciente de que la gente dice “es
estupendo” o “es un horror” (carcajadas). Escribo el tipo de libros que me
gusta leer, con los que creo que me lo pasaría bomba, y luego sólo cruzo los
dedos a la espera de que los lectores compartan mis gustos. Y muchos lo hacen,
y muchísimos no.
¿Le
duelen las malas críticas? Recibe muchos varapalos…
¡Claro que duelen! Uno no puede negar que le encantaría que a todo el mundo le
chiflara lo que hace. Sin embargo, soy consciente de que existen tipologías muy
distintas de libros y de lectores. Sí he notado que hay muchos críticos
ridiculizando la ficción popular porque parecen creer que hemos intentado
emular a Shakespeare o Faulkner. ¡No! Mi objetivo es alumbrar un libro que te
absorba, que te lleve a conocer mundo y que reflexiones sobre asuntos serios y
que te rías. Aspiro a lo que en mi país han bautizado como eduteinment, un
neologismo compuesto a partir de education (educación) y entertainment
(entretenimiento). Quiero que el lector se lo pase bien, pero también que
aprenda algo sobre el arte, la inteligencia artificial o la historia de España.
El mayor elogio lo recibí de una anciana que me dijo: “Abro uno de sus libros
porque busco comerme un helado pero de paso consigo tomar verduras”.
¿Le da pues mucha importancia a estimular la reflexión entre
sus lectores? Mi mayor satisfacción es que un lector me diga
que, tras leer uno de mis libros, ha sentido la necesidad de profundizar sobre
los temas en un ensayo o un libro de historia. Entiendo mis novelas como un
modo de abrir el apetito al conocimiento, puentes hacia la especialización.
¿Qué lo impulsó a perseverar tras el fracaso comercial de sus
tres primeras novelas? Las editoriales no me ayudaron a promocionar
esos libros, pero yo comprobaba que a mucha gente les gustaban. La principal
frustración salía del convencimiento de que otros estaban alcanzando el éxito
con historias mucho peores. Al encarar el proyecto de El código Da Vinci nada
cambió en el sentido de que, una vez más, me propuse escribir el tipo de libro
que disfrutaba como lector y seguí la misma metodología que con los anteriores.
Al recibir el ejemplar en pruebas, me subí al coche y busqué un rincón tranquilo,
donde lo devoré de una sentada y, al cerrarlo, me dije que, si aquello
fracasaba, sería mi última novela porque a mi modo de ver era interesante y
entretenida, de modo que el rechazo del público significaría que no
compartíamos gustos y no había nada más que hacer. Mientras la escribía
mantenía dos trabajos como profesor, me levantaba a las cuatro de la madrugada
y escribía hasta las ocho, recorría diez kilómetros en bicicleta hasta la
escuela (mi esposa y yo sólo teníamos un coche, y ella lo necesitaba más),
regresaba a casa, comía, iba a pie al segundo centro, daba más clases, volvía a
casa, cenaba, corregía exámenes, me acostaba... No era una vida fácil. Si El
Código Da Vinci hubiese pinchado, probablemente hoy no seguiría escribiendo
porque no podría permitírmelo (hace el gesto de secarse el sudor de la frente y
suelta una carcajada).
En
sus novelas siempre introduce a mujeres inteligentes, con carácter y
resolutivas, algo que muchos de sus pares en el thriller no han empezado a
hacer hasta fecha reciente.
Mi madre era una persona muy fuerte, una mujer muy liberada, muy de los
sesenta; mi esposa rebosa talento y determinación. Nunca me ha gustado la
imagen de la “damisela en apuros”. Langdon necesita a mujeres que lo desafíen,
acostumbran a ser científicas que expanden su campo de visión.
Tradicionalmente
su esposa le ha ayudado en la documentación para sus novelas. ¿No ha sido
peliagudo mezclar lo personal con lo profesional?
Al principio de mi carrera la colaboración fue muy estrecha, pero ha ido
declinando. En Origen ni siquiera participó porque lo que le apasiona es el
arte antiguo, no el moderno. “Diviértete, ahí te quedas”, me dijo. Hemos tenido
puntos de vista divergentes sobre cómo enfocar algunos aspectos de mis novelas,
generalmente porque ella quería introducir más información o teoría, y yo,
saltar a la acción. Eso sí, continúa siendo la crítica más despiadada de mi
trabajo y valoro mucho la honestidad de sus opiniones, ya sea para elogiarme o
machacarme.
¿El
lado más negativo de su éxito ha sido el alud de demandas de plagio?
Las consecuencias del éxito han sido positivas en un 98%, por lo que no me voy
a quejar mucho del 2% restante. Nunca olvidaré que mis primeros libros no le
importaron a nadie, la sensación de estar sentado detrás de una mesa para
firmar ejemplares y que no se presentase un alma. Si ahora he de pasarme tres
horas firmando o acabo un acto a la 1 de la madrugada, lo hago. Hay detalles
negativos, pero he ganado todas las demandas y no ensombrecen los millones de
lectores logrados ni los mimos de mis 56 editores en todo el mundo.
Actividad
1. Después de leer detenida y analíticamente la anterior información
sobre el autor del libro, prepara un
video de una exposición oral de 3 minutos; (recuerda hablar con un tono de voz alto,
despacio y claramente, además, tener gestos y movimientos de manos que apoyarán
tu exposición oral) Te recomiendo seguir los siguientes pasos para la
realización de tu exposición:
a.En primer lugar, debes hablar del año en que
se escribió el libro e incluirlo en un género narrativo, por ejemplo;
romántico, terror.
b. Haz una
breve sinopsis, lo más
objetiva posible, es decir, hacer un resumen sin entrar en valoraciones.
c. También, darás tuopinión
personal. Este es el momento de valorar, de decir si te gusta o no te
gusta y de explicar por qué, de fundamentar y argumentar tus ideas al respecto.
d. Por
último, piensa en el tema que se trabaja
en el libro, ¿por qué crees que el autor desarrolla en sus libros temas tan
controversiales? Ten presente la información antes presentada del autor.
1. Producir e
interpretar textos crítico – argumentativos, verbales y no verbales,
valiéndose del conocimiento lingüístico, pragmático, sociolingüístico,
semiótico y literario que le permite asumir una posición crítica y ética
frente a los diferentes discursos y situaciones comunicativas que involucran
una visión intercultural.
---
Competencias:
1.Interpretar
2.Argumentar
3.Proponer
---
Indicadores de desempeño:
1. Asume una postura frente a la vigencia de las obras literarias
clásicas.
2. Da cuenta de la organización y de los componentes del texto.
PLAN
LECTOR
DAN BROWN
Dan Brown nació el 22 de junio de 1964, tiene 52 años, es un reconocido
escritor de thrillers, principalmente debido al fenómeno mundial que generó su
libro "El código Da Vinci".
Mucho se ha discutido sobre la calidad literaria de este autor, pero lo
cierto es que sus libros son realmente adictivos y muy entretenidos. Con ellos
te puedes pasar una buena tarde resolviendo sus misterios y códigos secretos,
que tratan a la vez sobre diversos temas como ciencia, religión, arte,
arquitectura y conspiraciones. Dan Brown tiene la capacidad de poner a sus
protagonistas bajo una presión constante, en donde es primordial ir resolviendo
problemas para poder salvar el día; y en ocasiones el mundo.
El siguiente texto es una entrevista realizada por la revista magazine
al autor, léela atentamente y luego, realiza la actividad.
Dan Brown "Mis
primeros libros no importaron"
Texto
de Antonio
Lozano 04/11/2018
Sus thrillers en torno a la
simbología y la criptología, aderezados con elementos artísticos y científicos,
lo han convertido en uno de los novelistas más vendidos en las últimas décadas,
pero también en un blanco fácil para quienes lo ven como un producto de consumo
rápido. Ángel y demonio, Dan Brown aspira a mucho más que entretener.
El autor de El código Da
Vinci –novela que ha vendido ocho millones de ejemplares en el
ámbito hispánico entre los más de 200 millones a escala global de toda su obra–
ha regresado a Bilbao y Barcelona medio año después del lanzamiento mundial en
la capital catalana de Origen (Planeta/Columna), ambientada en diversas
ciudades de España. Este es el destino que más veces ha repetido Dan Brown
(Exeter, EE.UU., 1964) desde que a los 16 años salió por primera vez de su país
con destino a Asturias.
Procedente
de Praga, cuya orquesta sinfónica ha grabado una pieza sacra compuesta por él,
y de camino a Los Ángeles para cerrar la adaptación televisiva de las
peripecias de su personaje Robert Langdon, hizo escala para enseñar a su padre
algunos de sus edificios favoritos: el museo Guggenheim, la Pedrera… todos
presentes en Origen. El libro ha servido para promocionar aún más Barcelona
entre sus compatriotas; muchos ya visitaron París, Roma y Florencia impelidos
por la curiosidad despertada por sus anteriores libros.
Sin
las limitaciones previas que a veces imponen las superestrellas y de humor
risueño, en sintonía con la profesionalidad y amabilidad que de él destaca su
equipo editorial, Brown atendió a Magazine en una sala del recinto modernista
de Sant Pau.
Su
madre era especialista en música sacra, y su padre, profesor de matemáticas.
¿En su hogar ya se fomentaba el debate entre ciencia y religión que mucho más
tarde trasladaría a sus libros?
Mis padres estimulaban en sus hijos la búsqueda de respuestas. Puede que suene
ingenuo, pero cuando publiqué El código Da Vinci no tenía idea de que causaría
controversia, porque crecí en un hogar y en un sistema académico que alentaban
la formulación de preguntas.
¿Sus libros tienen algo de llamada al diálogo entre bandos
enfrentados? Es curioso, porque cuanto más he avanzado en
conocimiento científico, sobre todo a base de leer mucho sobre física y
matemáticas, más intenso ha sido el efecto rebote que me ha llevado a descubrir
que las cuestiones fundamentales de la ciencia eran de carácter espiritual: ¿de
dónde venimos?, ¿qué hacemos aquí?, ¿qué nos aguarda al morir?… La razón que me
impelió a escribir fue intentar construir un puente entre estos lenguajes tan
diferentes, uno que se basa en respuestas claras (la ciencia) y otro en
preguntas que nos trascienden (la religión).
¿Que su carrera como compositor y cantante no despegara
supuso una gran decepción? Crecí con dos grandes amores, la música y los
libros. Desde joven escribí poesía y relatos, me gradué en escritura creativa
pero cursé un posgrado de música y me pasaba el día en la sala de conciertos.
Opté por intentar labrarme una carrera musical porque pensé que sería más
divertido. Me mudé a Los Ángeles y grabé un disco a contracorriente –entonces
triunfaba el rap y aposté fatídicamente por concederle el protagonismo al
piano, a lo Billy Joel o Elton John–. Me gustaba componer e ir al estudio, pero
no tocar ante el público, porque era muy tímido. Entonces tuve una idea para
escribir Fortaleza digital, que se convertiría en mi ópera prima. Me encantó y
escribí otras dos novelas, todos unos fracasos. La gente adora u odia mi estilo
de escritura, no hay término medio, soy muy consciente de que la gente dice “es
estupendo” o “es un horror” (carcajadas). Escribo el tipo de libros que me
gusta leer, con los que creo que me lo pasaría bomba, y luego sólo cruzo los
dedos a la espera de que los lectores compartan mis gustos. Y muchos lo hacen,
y muchísimos no.
¿Le
duelen las malas críticas? Recibe muchos varapalos…
¡Claro que duelen! Uno no puede negar que le encantaría que a todo el mundo le
chiflara lo que hace. Sin embargo, soy consciente de que existen tipologías muy
distintas de libros y de lectores. Sí he notado que hay muchos críticos
ridiculizando la ficción popular porque parecen creer que hemos intentado
emular a Shakespeare o Faulkner. ¡No! Mi objetivo es alumbrar un libro que te
absorba, que te lleve a conocer mundo y que reflexiones sobre asuntos serios y
que te rías. Aspiro a lo que en mi país han bautizado como eduteinment, un
neologismo compuesto a partir de education (educación) y entertainment
(entretenimiento). Quiero que el lector se lo pase bien, pero también que
aprenda algo sobre el arte, la inteligencia artificial o la historia de España.
El mayor elogio lo recibí de una anciana que me dijo: “Abro uno de sus libros
porque busco comerme un helado pero de paso consigo tomar verduras”.
¿Le da pues mucha importancia a estimular la reflexión entre
sus lectores? Mi mayor satisfacción es que un lector me diga
que, tras leer uno de mis libros, ha sentido la necesidad de profundizar sobre
los temas en un ensayo o un libro de historia. Entiendo mis novelas como un
modo de abrir el apetito al conocimiento, puentes hacia la especialización.
¿Qué lo impulsó a perseverar tras el fracaso comercial de sus
tres primeras novelas? Las editoriales no me ayudaron a promocionar
esos libros, pero yo comprobaba que a mucha gente les gustaban. La principal
frustración salía del convencimiento de que otros estaban alcanzando el éxito
con historias mucho peores. Al encarar el proyecto de El código Da Vinci nada
cambió en el sentido de que, una vez más, me propuse escribir el tipo de libro
que disfrutaba como lector y seguí la misma metodología que con los anteriores.
Al recibir el ejemplar en pruebas, me subí al coche y busqué un rincón tranquilo,
donde lo devoré de una sentada y, al cerrarlo, me dije que, si aquello
fracasaba, sería mi última novela porque a mi modo de ver era interesante y
entretenida, de modo que el rechazo del público significaría que no
compartíamos gustos y no había nada más que hacer. Mientras la escribía
mantenía dos trabajos como profesor, me levantaba a las cuatro de la madrugada
y escribía hasta las ocho, recorría diez kilómetros en bicicleta hasta la
escuela (mi esposa y yo sólo teníamos un coche, y ella lo necesitaba más),
regresaba a casa, comía, iba a pie al segundo centro, daba más clases, volvía a
casa, cenaba, corregía exámenes, me acostaba... No era una vida fácil. Si El
Código Da Vinci hubiese pinchado, probablemente hoy no seguiría escribiendo
porque no podría permitírmelo (hace el gesto de secarse el sudor de la frente y
suelta una carcajada).
En
sus novelas siempre introduce a mujeres inteligentes, con carácter y
resolutivas, algo que muchos de sus pares en el thriller no han empezado a
hacer hasta fecha reciente.
Mi madre era una persona muy fuerte, una mujer muy liberada, muy de los
sesenta; mi esposa rebosa talento y determinación. Nunca me ha gustado la
imagen de la “damisela en apuros”. Langdon necesita a mujeres que lo desafíen,
acostumbran a ser científicas que expanden su campo de visión.
Tradicionalmente
su esposa le ha ayudado en la documentación para sus novelas. ¿No ha sido
peliagudo mezclar lo personal con lo profesional?
Al principio de mi carrera la colaboración fue muy estrecha, pero ha ido
declinando. En Origen ni siquiera participó porque lo que le apasiona es el
arte antiguo, no el moderno. “Diviértete, ahí te quedas”, me dijo. Hemos tenido
puntos de vista divergentes sobre cómo enfocar algunos aspectos de mis novelas,
generalmente porque ella quería introducir más información o teoría, y yo,
saltar a la acción. Eso sí, continúa siendo la crítica más despiadada de mi
trabajo y valoro mucho la honestidad de sus opiniones, ya sea para elogiarme o
machacarme.
¿El
lado más negativo de su éxito ha sido el alud de demandas de plagio?
Las consecuencias del éxito han sido positivas en un 98%, por lo que no me voy
a quejar mucho del 2% restante. Nunca olvidaré que mis primeros libros no le
importaron a nadie, la sensación de estar sentado detrás de una mesa para
firmar ejemplares y que no se presentase un alma. Si ahora he de pasarme tres
horas firmando o acabo un acto a la 1 de la madrugada, lo hago. Hay detalles
negativos, pero he ganado todas las demandas y no ensombrecen los millones de
lectores logrados ni los mimos de mis 56 editores en todo el mundo.
Actividad
1. Después de leer detenida y analíticamente la anterior información
sobre el autor del libro, prepara un
video de una exposición oral de 3 minutos; (recuerda hablar con un tono de voz alto,
despacio y claramente, además, tener gestos y movimientos de manos que apoyarán
tu exposición oral) Te recomiendo seguir los siguientes pasos para la
realización de tu exposición:
a.En primer lugar, debes hablar del año en que
se escribió el libro e incluirlo en un género narrativo, por ejemplo;
romántico, terror.
b. Haz una
breve sinopsis, lo más
objetiva posible, es decir, hacer un resumen sin entrar en valoraciones.
c. También, darás tuopinión
personal. Este es el momento de valorar, de decir si te gusta o no te
gusta y de explicar por qué, de fundamentar y argumentar tus ideas al respecto.
d. Por
último, piensa en el tema que se trabaja
en el libro, ¿por qué crees que el autor desarrolla en sus libros temas tan
controversiales? Ten presente la información antes presentada del autor.